lunes, 21 de diciembre de 2009

Sobre la navidad y el amor en el cine


LLevo más de una semana dándole vueltas a dos temas y el hilo de mis pensamientos se va por el primer derrotero que encuentran. ¡Malditos inconstantes!


Los temas pueden calificarse de universales. Cierto que uno más que el otro, pero de hipérboles está el mundo lleno.
El primero, lo planteaba Raza Becaria en uno de sus últimos post: "Cuando estás viendo una película moderna eres plenamente consciente de que no te espera un final feliz. [...] ¿Por qué? Quizás porque los espectadores han preferido dejar de creer en el amor para así no desilusionarse."
El segundo, el tan manido ¿te gusta o no la navidad?.

Del primero sigo sin poder plantear una opinión objetiva (objetiva para mí, claro), pues las interferencias en mi sistema sentimental no me dejan regir con claridad ["Claro que es porque ninguna pareja dura, hoy en día todo es efímero; ¡ni siquiera Linklater se atreve a cerrar el final, tan maravilloso por otra parte, de Antes del anochecer!]. Y así, hasta el infinito, una sartada de ideas 'escepti-love' de manual.

Así que paso al segundo punto. La navidad.
Será por mi tendencia a la racionalidad, será porque tengo entre mis asignaturas una consistente en hacer comentarios de texto, empezar por el enunciado es fundamental para analizar una idea. Y ahí vamos.

¿Qué es la navidad?: El natal, el nacimiento de Jesús. Por tanto, una fiesta eminentemente cristiana, religiosa, que tiene su único sentido en la onomástica que por algún azar histórico, sitúa dicho acontecimiento el 25 de diciembre. Como la mayoría de las celebraciones, se desarrolla entorno a la mesa -la noche previa y el día en cuestión, una doble solución desde la perspectiva sociológica por aquello de cumplir con la familia política y con la propia. Y en los actos religiosos se destila un espíritu festivo nunca visto en otro momento momento del año litúrgico (asistir a misa del gallo es una experiencia recomendable por su plasticidad, independientemente de creencias).

El resto son añadidos comerciales, tradiciones foráneas y el punto emotivo -recordado cada año a golpe de anuncio- de lograr que toda la familia como y/o cene junta al menos un día al año. Y lo que esto conlleva de bajón emocional para quienes han perdido a algún ser querido y esa noche lo echan menos más que nunca (otra curiosidad sociológico-emocional de la que me gustaría saber el origen).

Dicho lo cual, ni odio ni me gusta la navidad en sí misma.
Pedir que la gente se centre en la esencia de la misma es utópico –¡si hasta una niña que apenas sabe leer reconoce el logo del Corte Inglés!-. Pero me parecen bastante ridículo quienes afirman que 'aman la navidad' sin plantearse por qué ni en qué consiste, y se dedican a felicitarla desde mediados de diciembre, ponen el nacimiento y/o el árbol el puente del 8, y proclaman su amor a la misma con postales electrónicas ideadas en una agencia de publicidad después de un brainstorming de cuatro días y presiones del cliente.

ODIO: ese punto sentimentaloide que lo invade todo, esa actitud gregaria-festiva en el entorno laboral y esa falsa alegría de quienes se ponen el gorro y silban con el matasuegras.

ME GUSTA: las copas en el Musical la tarde del 24; llegar borracha a la cena de Nochebuena y tratar de mantener la compostura; ir todos, menos mi madre, con el puntillo a la misa del gallo llegar a casa y ver Qué bello es vivir; los langostinos y el fiambre con huevo hilado.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Semana de reencuentros y retornos al pasado


Hay semanas que parecen sosas, apáticas y grises como el invierno castellano.


El lunes el frío acucia más de lo que mi cuerpo tolera, estornudo y mi nariz, el mejor medidor de mi temperatura corporal, a la inversa de los Cº, es un témpano. Frenadol, doble calcetín bajo las botas, una manta extra sobre el edredón y resignación cristiana ante el panorama de que hasta marzo las tarde serán extremadamente cortas.

Y de repente, se convierte en la semana con más reencuentros y casualidades de mi vida:
Diez ex compañeras del colegio, convertidas en mamás, de las que hace 15 años no tenía noticias se añaden a un grupo de FBK creado para la ocasión.
Y un amigo missing de mi vida por amor -y celos de su novia, de mí, santa defensora de la fidelidad- hace más de un año, propone cita por medio de sms.

En breve, los reencuentros en persona, sin cristal ni filtros tecnológicos de por medio.



domingo, 29 de noviembre de 2009

Perder galones, ganar medallas


Tengo un primo de 26 años -no le pilló la LOGSE- con el quedo muy de cuando en cuando y siempre me sorprende.

Es un tipo noble, con valores a la antigua usanza.
Durante la carrera y sus primeros años de trabajo fue voluntario en varias causas, implicandose a tope en todas.

Retomamos el contacto como adultos tras coincidir en el área de oncología juvenil de un hospital donde yo iba a visitar a una joven amiga que, cuando estaba de bajón, casualidades del destino, con el único voluntario que quería hablar era con mi primo. Ahora prepara oposiciones y si no las saca en la siguiente convocatoria, piensa irse un año al extranjero a participar en algún proyecto humanitario.

Es guapo, alto, buen conversador y líder de sus diferentes pandillas.
Un viernes por la tarde su teléfono arde con sms y llamadas de planes a los que no atiende porque el sábado estudia.

No tiene novia; las ha tenido, pero sus relaciones han terminado porque le agobia estar pendiente de alguien -no tengo muy claro si es un espíritu libre o si es carne del síndrome de Simón. Es firme defensor de la fidelidad hasta puntos en los que apenas entra el tonteo -sin pecar de moro-, y comparte conmigo la incomprensión de planteamientos como que alguien comience una relación mientras olvida, o espera, a otra persona.

Cede el paso y los mejores sitios a las féminas, y me acompaña a casa aunque no le pille de camino.

Y, ahora viene el 'pero', que tanta perfección aburre. Los sábados la noche es suya. Y las copas y las risas con los amigos, lo único que importa. Y con ellos se plantea apuestas propias de veinteañeros sin cerebro.

La última, superar el record de su mejor amigo de liarse con 9 chicas en 9 fines de semana seguidos. La ha superado: con 10 en 9 sábados -una noche repitió.

Y todavía le saca brillo a la medalla.

La 'penitencia': que una de ellas, treintañera, se ha colgado de él y le ha propuesto ir al cine a la sesión de 11 del sábado. Porque les da su número de teléfono, el de vedad, a la mañana siguiente.

O cuando las deja en casa, que los garajes siguen dando mucho juego.

jueves, 12 de noviembre de 2009

De amor no se come; de desamor no se muere


Nunca he querido morir de amor, ni de tifus, ni de tosferina, ni nada semejante.


Por supuesto que me sentí interesada por el romanticismo y su cuerda de suicidas en la preadolescencia, esa época en la que "nadie te comprende", tus amigas se empeñan en ver guapos a los chicos del cole de enfrente cuando a ti te parecen adefesios y tus escritos destilan nostalgia infinita de algo que no has vivido, porque prácticamente no has vivido nada.

Pero en cuanto te lo planteas un par de veces, ves clara la estupidez de quitarse la vida –o no cuidarse suficiente una tos que deparará en muerte– por la incomprensión social, por las ideas de un movimiento artístico-social, por el aprecio o desprecio del ser idolatrado, que no amado.

En la adolescencia lei a Becquer, casi todo; memoricé sus versos menos conocidos –para ser más interesante que el resto de mi entorno, por supuesto– y apunté algunos en el mantel de papel de una cafetería homónima donde los adolescentes íbamos a hablar del mundo y a robarnos besos.

Leí sus Cartas desde mi celda y las leyendas, que destilaban más romanticismo que sus poemas. Leí a Larra porque quería ser periodista y porque sus críticas son como puñaladas dadas con punzón: ligeramente molestas de primeras, profundamente dañinas al no prestarles demasiado cuidado.

Luego llegó -a mi vida- Radiguet, que a los 15 años se plantó con un bastón en casa de Jean Coucteau y logró impresionarle hasta el punto que el artista se convirtió en su padrino; antes de los 20 escribió esa joyita, El diablo en el cuerpo, y al cumplir la veintena, murió de tifus.
Respecto a John Kennedy Toole, otro clásico de adolescencia y época universitaria, no tengo muy claro si lo suyo tuvo tintes post-románticos, o sólo incomprensión social.

Soñé con vivir en una buhardilla en París, pero el frío y las ratas no van conmigo; y me quedé en mi sofá mullidito leyendo el libreto de la Boheme mientras Mimi fallece en los brazos de Rodolfo.

Nunca quise morir de romanticismo, ni escribir sobre mal de amores y nostalgias. Porque todo lo que se vaya a decir está dicho; porque todo lo que haya escrito, estaba escrito; porque todo pasa, pese a lo que quede. Y porque morir de racionalidad y orgullo me parece más valiente que hacerlo de añoranzas y versos cursis.

Y sin embargo, ves una pintada, que no es tal sino una foto de una ilustración, y que no tiene destinatario pero quieres que sea tuya, que sea para ti, y el alma te da un vuelco, y te duermes pensando: y yo también.




miércoles, 26 de agosto de 2009

Sin ruedas


Lo dimos todo.
Todo lo que llevábamos dentro.
'All of me' era 'all of you'.
Saciamos nuestra pasión, y generamos mucha más, porque teníamos con qué alimentarla.
Saciamos nuestro hambre de besos, y reprodujimos centenares de ellos
Viajamos, bebimos, peleamos
Amamos, vivimos
Recorrimos medio país y un cuarto de otro, y cenamos como reyes

Y ahora que no tenemos ruedas, no sabemos a dónde vamos

lunes, 25 de mayo de 2009

Una frase bonita al oído

No soy muy propensa a picar con este formato; sea porque soy fiel a algunos grupos, sea porque en su momento hice que mis padres me compraran un disco simplemente por una canción que repetía insaciablemente mi nombre y descubrí que el resto era infumable, o porque me he aficionado al spotify...

Nunca digas nunca jamás. Pero hubo un estribillo hace casi un año que despertó mi interés porque intuía que si alguien era capaz de dotar de ese tono optimista una historia de tanta nostalgia y desamor, no se había guardado el resto de su creatividad y sensibilidad para el single del siguiente disco.

Y así es. Al “prometo acordarme siempre de aquel raro diciembre” y el “tenía tanto que a veces maldigo mi suerte”, seguían sentencias que constituían grandes temas.

Como aquesta que dice “En la vida, princesita, también hay que aprender a ganar, me dijo un caballero inglés, perdido en Buenos Aires que ahora vive en Madrid” (1) 
La de (2) “Con lo pronto que empezamos a decirnos al oído eres mi vida, mi amor"
Y rematando con la canción entera de “Vivo queriéndolo todo y no tengo nada” (3)

 Las noches del Español. Joyas literarias musicadas que Nena Daconte, acompañados por un cuarteto de cuerda y un trío de viento, han interpretado esta noche en el ‘salón de casa’, en el escenario del Teatro Español, atrezado con una butaca –Mai y su micro- y un sofá de piel -Kim y sus guitarras-  y aderezado por una interesante colección de lámparas de pie.

 Las escuché, con atención, por primera vez, al volante del coche en un viaje de 300 km que realizamos Mai, Kim y yo. El disco sonó tres veces durante el trayecto. Y un par de canciones estuvieron a punto de ‘desintegrarse’ al ser repetidas hasta la saciedad... hasta que logré memorizar la letra y cantarlas a dúo con ellos.

 Hoy lo he hecho en directo, yo desde mi butaca de visibilidad reducida, fila1, platea 3, y ellos, desde el escenario. Pero a cada frase bonita al oído, he sentido lo mismo que en aquel viaje, y la llama se ha reavivado para alumbrar con fuerza, ay, esos 300 km.

jueves, 7 de mayo de 2009

El punto medio como clave del equilibrio


Si hubiera sido el guión de una película de tintes románticos, en las que el toque azucarado no mata el sabor principal sino que se convierte en elemento terciario,
él le hubiera susurrado mientras buscaba sus labios “Yo te haré creer”. Pero ni Gertrud salió de su ostracismo emocional en sus últimos años, ni Amelie cejó en su empeño hasta que él completó la gymkhana y logró encontrarla.


Si hubiera sido un libro, el hilo conductor de una historia en apariencia sencilla nos llevaría a plantearnos la esencia del asunto, el quiz de la cuestión... un toque psicológico disfrazado de ingenuidad, pero Renée acaba como acaba porque Muriel Barbery no atrevió a dar ese paso, y Dora se replantea su entrega a la revolución por Kaliayev

Si un compositor hubiera ideado una letra al respecto, no sería una copla, ni un bolero ni cualquier otro tema desgarrador. Tampoco una letra de Pablo MIlanés.

Sería el final de Alta fidelidad.
La mitad de Carta a una desconocida.

miércoles, 8 de abril de 2009

Alone, drunk... and happy


Mañana, dentro de unas horas más bien, tengo una reunión para captar futuros clientes, los primeros de un negocio que tiene nombre, logo e ilusiones.




Hoy, hasta hace unos minutos, he disfrutado de una noche de risas, confidencias, alcohol y hasta karaoke! Menos mal que un break en El Capitan sirve para relajar. "Estamos celebrando tu cumple", dice M., y no me resisto a irme.





Cuantos y grandes cambios en un año. (Segunda) celebración sin red, sin temor. Cuando uno está bien con uno mismo, no hay miedo.





FIN de trimestre





M. se va a Asturias; R. a su casa, a Andalucía; E. se quedará mirando a su gato, y yo, tomaré la A-6.





Alone, drunk and happy, me voy a dormir.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Reconciliación

Me he reconciliado con Paul Auster: acabo de terminar Un hombre en la oscuridad y me ha encantado.
Y con Woody: debo de ser de las pocas personas de mi entorno que reconoce que le ha gustado V.C.B.



Y el vino 'No Phone' con habas.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Del borsalino a las botas caídas

Yo quería un borsalino, y justo cuando aprendí cómo se llamaban esos pequeños y coquetos sombreros, aparecieron como setas en las tiendas de todo a cien y en los puestos de ferias. Y ante tanta saciedad, desistí de mi idea.

Los sombreros siempre me han llamado poderosamente la atención, y recuerdo que a los 12 o 13 -en ese momento en que deseas ser mayor para vestir de mayor y tu madre se vuelve loca tratando de encontrar ropa adecuada a tu tamaño y ‘su’ estilo-*, empecé a desear uno.

Pero mi progenitora, que pasó por la misma fase en su momento, siempre apostillaba que se trataba de una moda que reaparecía en mi ciudad cada Navidad, y que una vez que se acabaran las fiestas y las “chicas de Madrid se fueran”, me sentiría ridícula llevando sombrero y no me lo pondría nunca. -Obviamente, me imaginaba que en Madrid todas las veinteañeras chic llevaban sombrero en invierno-.
También me planteé la opción de pedir uno por Reyes, y guardarlo para el año siguiente, pero claro, Reyes estaba demasiado cerca del final de las vacaciones, es decir, del fin de la temporada sombreril, y las modas en cuanto a formatos y colores, podrían cambiar…
Incluso llegué a probarme varios, pero no acabé de decidirme...

Me resarcí de mi capricho post-adolescente pocos veranos más tarde, cuando empecé a usar sombreros de paja, estilo panamá principalmente, en la playa y en el campo. Unos de paja, otros de algodón con cinta negra... Los he guardado durante años, y han sobrevivido a varias mudanzas, menos a la última. Y además, este año me ha dado por las pamelas. Cosas de la edad.

Y si el borsalino ha sido el complemento del verano en todo el mundo (no hay famoso que no haya salido retratado con uno), el del invierno prometen ser las botas de 'caña arrugada' (seguro q hay un nombre más glamuroso, pero para entendernos:son más bajas que las habituales, y con un efecto 'caído', como llevábamos los calcetines del uniforme en los 80 para parecer menos niñas buenas)
Las botas en cuestión hicieron su presencia, discretamente, la temporada pasada; recuerdo que una amiga estuvo a punto de pagar un auténtico dineral por unas italianas, pero no quedaba número.

En esta primera semana del mes de septiembre, 'las chicas de Madrid' que apostaron por la pieza estrella con un año de antelación parecen ansiosas por mostrar que ellas se adelantaron a las tendencias, y las lucen, pese a las temperaturas veraniegas, con vestidos y eso sí, sin medias. Ayer, callejeando entre Alonso Martínez y Chueca, me crucé con varias –no todas en versión bota de caña caída, todo hay que decirlo- y hoy, en Chamberí, con otra. Me gusta ese look, pero de momento, prefiero que mis pies sigan libres en sandalias de tiras, que bastante largo es el invierno. Todo se andará.


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*Hoy eso ya no pasa, pero en mi época el fenómeno Inditex estaba despuntando, y no se había democratizado la moda de esa manera: pasábamos de las faldas con camisita a juego a los Levi`s 501.

** Mañana le pongo foto

sábado, 12 de julio de 2008


“Tengo que hacerme los pies; vayamos antes de los cócteles y pasamos una tarde Sex and the city".
Ok, ¿por qué no?. Lo que es necesario, es necesario, e ir una semana a la Riviera Maya con pulserita 'todo incluido' no me compensa tanto como estos pequeños placeres cotidianos.

Le soy infiel a Mónica por primera vez en años y me adentro en Alicie in Wonderland.
Confío mis pies a Rebeca, que da forma con mimo a mis uñas, masaje con destreza, y alaba sorprendida la ausencia de durezas, y disfruto del entorno vintage tan de moda en los locales de Madrid.

Llega M, y -¡oh, la, la!-, conoce a la dueña, porque ambas trabajaron años atrás en la misma agencia.
Aprovecho para soltar mi arsenal de preguntas, porque, qué narices, soy periodista, algo cotilla, y siempre me ha fascinado lo de la iniciativa para montar negocios.
Carolina nos acaba haciendo 'precio de clientas', aceptando nuestra propuesta de crear un grupo en Facebook ‘I love Alice in wonderland’, y no se viene de cócteles porque no insistimos.

De camino al de Diego , paramos en el Mercado de la Reina , y los consejos sobre el vino tardan en llegar, pero la tortilla merece la pena y el camarero, que se queda con mi nombre, nos recomienda queso con cebolla confitada. Espectacular.
Empieza el turno de confesiones, y uno de esos momentos en los que te sientes a gusto. Con todo: contigo, con la conversación, con quien estás y con quien responde al sms.
Ni Carrie ni leches, dos tipas de 32 poniendo positivos a sus respectivas vidas después de casi un año de incertidumbre. ¿Tipos guapos al acecho? Ni nos fijamos.


El de Diego me sorprende porque esperaba más, pero a la vez es acogedor.
María Barranco con amigos, cócteles estupendos, música a nivel adecuado para charlar, y de repente, una aparición: Nacho Vegas solo, colocado y perdido.
El hombre que casi conoció a Michi Panero sorprende por su lamentable estado, y en medio de la conversación surgen sentencias de sus canciones.

No aparecen la Rosenvinge ni Bunbury para copear con el gijonés.
Posa su mirada en nuestra mesa, pero no se acerca.
Desaparece cuando el bar se llena, y pedimos el tercer coctel.
María Barranco despliega exaltación de la amistad tarjeta en mano, y nosotras brindamos por la vida.
Nos retiramos a tiempo. Felices y borrachas.

Y para rematar,al llegar a casa,me encuentro en mi correo dos canciones maravillosas.(Gracias, G.)

martes, 8 de julio de 2008

No me gusta dormir con nadie

M. me insta a que escriba una entrada con este título, y yo que soy de natural desobediente, le hago caso.
Porque sí.
Porque gracias a ella y a sus apuntes, pasé del O al 7; de odiar la comunicación corporativa a entenderla en una noche.
Porque M. fue lista y se pasó del periodismo a la publicidad; y del frío, al rock.
Y no digo más.

No me gusta dormir con nadie.
Se lo trato de explicar a mi perro cuando se empeña en subir a mi cama y hacerse un ovillo –¡30 kilos de ovillo!– apoyando su cabeza en mis rodillas.
Le cuento una vieja historia, de la primera vez que compartí cama, y cuando paro de hablar, baja la mirada, y vuelve a depositar su peso sobre mis piernas…
Çest la vie. Se hace querer el muy tirano.





La historia comienza en la post-adolescencia. Tres parejas en una casa del Campo Charro, camas de 1,10, y tres caras femeninas llenas de romanticismo a la mañana siguiente.
Sí, sólo romanticismo.
Suspiros de amor por los pasillos... hasta llegar a la cocina donde ellos esperan con rostros de menos amigos: no han pegado ojo; por nuestra culpa, por nuestra dichosa posición fetal.
Ellos, acostumbrados a sus camas de 90, topando a cada vuelta con "nosotras".
Fin del romanticismo –¡malditos capullos!–. Manía contagiada. Nunca más; dos de 90 o una de 2 metros.

Podría enumerar casos de parejas capaces de compartir lechos de 90. Una, durante más de un año; se rompió la relación, pero aseguran que lo de jugar al tetris por la noche no fue la causa.
Pero no es el caso.
Ni con hermanas, ni con amigas. Prefiero dormir en el suelo, o dar lugar a equívocos al optar por compartir habitación de dos camas con un amigo a cama con una amiga ( ¡Qué caras tuve que ver a la mañana siguiente!..)

Y de repente, te encuentras diciendo la frase de marras, la que da pie al post, la del título .... pero dejando una puerta abierta a compartir vueltas y posición fetal.

(Y a cada vuelta, un beso).

Luces de neón




Too fast, too drunk, too talkative…
¿Dónde están las reglas, las pautas, los códigos?
¿Se leen, se transmiten en el adn, se aprenden a base de leches? ¿tal vez a base de cafés de las cinco de la tarde comentando la jugada, planeándola, con amigas que parecen llevar un saco de consejos en el bolso…?

El año pasado por estas fechas, en una fiesta del verano –camareros con pajarita, música tranquila en el jardín y disco en la bodega…–una rubia exuberante se acopló a mi lado durante la mitad de la noche, mientras se dedicaba a detallarme el éxito de las fiestas que se dedicaba a organizar. “Dame tu email y te avisaré de todas. Va el ‘Todo Madrid’, te encantarán”.

Cuando desapareció, unas amigas europeas exclamaron al unísono, bueno, una en inglés y otra en castellano con toque francés: “¿qué hacías hablando con Samantha?”.
Se referían a Samantha Jones , por supuesto, y nos embarcamos en una conversación sobre los perfiles de las chicas de la serie.
Ellas tenían muy claro que eran Charlotte, lo cual me sorprendió, porque nunca pensé que el efecto empatía de Sarah Jessica Parker,
Carrie, no funcionara para todas las féminas del mundo por igual.
¿Acaso Charlotte no es una falsa mojigata insegura con la red cazamariposas (=hombres) decorada con lazos de Chanel?


He conocido después a más chicas que se sienten orgullosas de que en el test de Facebook sobre los personajes de las series les haya salido la ‘niña bien’.
Pero a muchas más ‘sabedoras’ de ser Carrie antes de pulsar el enter final.
Aunque sin intención de romper ilusiones, en el test sobre si era
Rachel o Monica, mi resultado fue... Ross!!!!; y en el de OC , nada menos que Seth Cohen, aunque esto resultaba obvio al responder positivo a la pregunta de si leía cómic .


Happy couple: el 'estado'
Durante una temporada traté de mirarme en el espejo de las (irreales) chicas de la serie de Manhattan.
¿Ser soltera es ‘eso’? Y no me refiero, sólo, a comprar zapatos , ni a tener ralladuras sobre si subir al chico a casa en la primera o en la cuarta cita, o a beber más de la cuenta y acabar en casa con un desconocido, o medio conocido.

Sinceramente, todo eso me parecía una estrategia para matar el tiempo hasta encontrar marido, porque todas excepto Samantha, que acabó claudicando igualmente, aspiraban al estado de gracia de la 'happy couple'.
Y cuando una de las miembros (sin comentarios sobre el falso femenino del término, please), osaba a abandonar momentáneamente la manada y repetir eso de saltarse el desayuno de chicas de los sábados, morro asegurado de alguna de las ‘amigas’.
¿Acaso esperaban sincronizar los relojes y encontrar pareja al tiempo para no estar nunca solas?
Al menos en Cómo casarse con un millonario, maravilloso Hollywood de los 50, no se empeñaban en disimularlo: dos horas dedicadas al asunto; Lauren Bacall con sombrilla y enaguas; Marilyn, demostrando su vis cómica encarnando a una miope (ella misma lo era), y Betty Grable abriéndose camino a brazadas para no quedar oculta entre dos divas. Grandiosa historia.




Como la vida misma
Tengo cuatro amigas que nunca han visto Sex and the city, aunque les he pasado algún episodio. Nos reunimos muy de cuando en cuando, coordinar fechas es tarea complicada, y nuestras conversaciones se suelen alargar hasta bien entrada la noche poniéndonos al día de los detalles de los meses sin vernos.

En nuestro último encuentro, haces unas semanas, por primera vez en tres años todas estábamos sin pareja, y lo más curioso, de lo más felices por nuestra situación.

Por primera vez, también, respetamos el turno de palabra, nos escuchamos todas a todas, y de manera improvisada, poco a poco, porque no solemos llevar el saco de consejos a nuestras citas, le contamos a una de las cinco cómo veíamos desde fuera una enmarañada historia sentimental en la que estaba perdida desde tiempo atrás.
Sin hablarlo antes, sin ponernos de acuerdo a sus espaldas, de manera improvisada.
Nos agradeció que le abriéramos los ojos, y yo, una vez más, me sorprendí de que ella, la más decidida y arriesgada, aventurera de la vida pero coherente, fuera capaz de pensar en embarcarse por enésima vez en una historia cuyo final conocía de antemano.

Supongo que hay ocasiones en las que el resplandor del luminoso que ‘invita’ a parar o a seguir te deslumbra tanto que eres incapaz de leer lo que pone….

Too fast, too drunk, too talkative:
Elementos suficientes para un ces't fini inmediato que no fue tal.
Pero cuando la historia se reposa, se ve con otros ojos.
Y a mí, las luces de neón me hacen hoy tanto daño, que ni entornando los párpados soy capaz de leer el contenido.
Ni con gafas de pasta, ni con gafas de sol.

viernes, 27 de junio de 2008

Microapuntes




Hoy tengo el día inspirado para escribir microrrelatos; he buscado algún concurso que me pudiera reportar algo de pasta para fundirla al borde del mar, pero el único que he encontrado da como premios un lote de vino de calidad regular.

El Twitter mola para el tema, pero con una red social y un blog es sucifiente para mí, teniendo en cuenta que me paso el día frente al ordenador.

-Mi primer microrrelato tien de base una queja de ascensor de una vecina argentina:
"El verano es para que los millonarios disfruten las fiestas nocturnas a bordo de su yate; para los pobres tanto calor es un castigo". Amen.

-Este es de cosecha propia:
"Las treintañeras de mi entorno parecen haber enloquecido en cuestión de hombres: infidelidad propia, causa ajena de infidelidad y robaligues de amigas".


- "Las mujeres consideran que la treintena fue la mejor época de su vida en perspectiva, me dice alguien. Y lo único que no pongo en duda es lo de la perspectiva".

- Lastfm mola para música en inglés, pero dile que quieres escuchar a los Hombres G y sale Estopa; que quieres flamenco, y sale Ketama...

El lunes más, que no llego a mi cita de chofer y aún tengo que rehacer la maleta.

martes, 10 de junio de 2008





Me gusta 'robar' fotos en los museos.
Qué se le va a hacer. Me ha dado por ahí.
Otros 'delinquen' de otras manera.

miércoles, 4 de junio de 2008

De la primera a la cuarta/te tengo que enamorar

La felicidad como estado continuo no tiene sentido.
Es mejor anhelarla y una vez hallada, disfrutarla en dosis suficientemente placenteras y largas como para volver a salir en su búsqueda.

Hedonismo.
Cuando se encauza en el placer como fin supremo, se vienen a llamar hedonismo
Y, para que negarlo, a casi todos nos gustaría ser miembros de ese club. Pero excepto para Alberto Caeiro y algún otro soñador, encontrar esa felicidad sumamente placentera suele estar unida a disfrutes materiales poco propios de sueldos mileuristas.

No dejes que la realidad estropee un sueño.
Pero hay excepciones, seres que saben manejar el asunto de los ceros con maestría, y disfrutar de placeres gastronómicos de alto standing sin renunciar a otros.
Los trucos son cosa de ellos.
Sólo adelanto uno: cocinar en casa, lo que lejos de ser una carga, le añade un plus placentero.

El armario de las galletas.
Una pareja de seres, humanos y hedonistas de la gastronomía, me invitan a pasar unos días en su casa cordobesa, y yo, ilusa de mí, les llevo como obsequio una caja de galletas belgas Jules Destrooper

Agradecidos, la abren, las prueban, sonríen después de darme las gracias efusivamente y reñirme por llevar nada… y las guardan en un armario lleno a rebosar de galletas Cadbury de todas las variedades...

"Las compramos en un supermercado de productos europeos la semana pasada”.
Todo perfecto, si no fuera porque el supermercado en cuestión dista 250 kilómetros de su casa y fueron específicamente a ello…
No compraron sólo las galletas, por supuesto; añadieron al carro de la compra una amplia variedad de quesos -que degusté el viernes por la noche-, humus griego, patés, algas, vinos… Entre estos, un Moscato d'Asti con el que acompañamos el sábado un arroz con navajas y buey de mar, rematado con un brownie casero con helado de dulce de leche.

“De la primera a la cuarta, te tengo que enamorar”. (sevillana)
Para ‘bajarlo’, improvisamos un curso acelerado de sevillanas del que saqué dos sabias lecciones.
La primera, que como casi todos los bailes en pareja, las sevillanas son un cortejo, todo un ritual de gestos, movimientos y cruces en los que no hay que perder nunca la mirada del contrario.

La segunda, que llegué pensando que mi nivel de sevillanas era de 2/10 y resultó ser de -5/10... ¡Mucho arte, niñas, mucho arte!

Algarabía de cierre.
El cierre de la feria fue con juegos artificiales, y el de mi estancia cordobesa, con espuma de melón, wok con algas y setas, y otras delicias gastronómicas.

Voy a apuntarme a la escuala hedonista, aunque sea en el curso de refuerzo...

jueves, 29 de mayo de 2008

Variaciones con Elegy como base




No he leído a Philip Roth, ni lo tengo en mi lista de próximas lecturas.

Cuando empecé a trabajar, el entorno cultureta con el que trataba, estaba enganchado a John Irving, y como aspiraba a ser como ellos, me leí prácticamente todas sus novelas: Una mujer difícil, El hotel New Hampshire , Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, El mundo según Garp …

Alternaba Irving con Eduardo Mendoza (Sin noticias de Gurb, La aventura del tocador de señoras, Una comedia ligera…) y, casualmente, hace un par de años puse punto y final a las lecturas de los dos novelistas.

A las del español, cuando tras 20 páginas y varios intentos por seguir leyendo Mauricio o las elecciones primarias, lo deseché por aburrido y sinsentido.

A las del norteamericano, cuando llegué a la última línea de Hasta que te encontré . 

¡1019 páginas de sobrexceso de datos superfluos, de historias vanales y sobre todo, de sobrexceso de ego de escritor! Adios, Irving.





No he leído a Philp Roth, decía, pero he visto casi toda la filmografía de Isabel Coixet. 

Y aunque críticas y críticos anunciaban que en nada se parecía Elegy a la novela The dying animal, de la que en teoría era adaptación cinematográfica, la taquillera soltó una frase definitiva: “Te gusta Coixet, tienes que verla”.
Y la vi, y me aburrí y me sorprendí. Pero no la voy a comentar; no tengo ganas.

Sin embargo me encandiló la música de piano que conforma la mayor parte de la banda sonora, y estuve atenta a los créditos hasta que aparecieron los musicales: Erik Satie.

¿Quién me había hablado hacía poco de Erik Satie? No tardé mucho en recordarlo, bueno, en que me lo recordara, pero menos aún en conseguir unas magníficas grabaciones de las Gymnopedies, Ogives y otras composiciones de Satie interpretadas por Reinbert De Leeuw.

lunes, 26 de mayo de 2008

UNA PUERTA DE DUBLÍN (una puerta de difícil acceso y fácil huida si se coloca el sillín)











VICEVERSA
Mario Benedetti


Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

O sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa

martes, 13 de mayo de 2008

'Jolan' y 'Toumatito'

Pepe Habichuela viene a ser a David Holland lo que Michel Camilo a Tomatito.

Cuando el pianista dominicano y el guitarrista almeriense José Fernández Torres, Tomatito, actuaban juntos en ese matrimonio musical que tanto éxito y premios obtuvo, titulado Spain, Camilo, el hombre de las camisas imposibles, alababa el buen hacer del flamenco pronunciando su nombre artístico con ese deje de acento yanki: "¡Toumatiouuuu!”.

Yo los vi hace un par de veranos en el Conde Duque y me han contado que en otras actuaciones fue igual...

Pues bien, el sábado pasado, en el Johnny (http://www.sanjuanevangelista.org/), Pepe Habichuela presentó al contrabajista Dave Holland con su peculiar acento andaluz , algo así como "Jolan" (la primera sílaba, entre 'j' y 'h' aspirada).
En su caso, fue sólo al finalizar el concierto.

Madiraje entre flamenco y jazz, aderezado por una percusión que recibió grandes aplausos. Remate final a una comida que fue alabada por los tres grandes paladares que se sentaron a mi mesa, - ¡uf!-, y cuya sobremesa estuvo también amenizada por la guitarra de una futura ‘estrella’ ¡en directo en mi salón! ¡qué afortunada!;).

No encuentro en Youtube una actuación de los dos juntos, pero no me extrañaría que repitieran.
Dejo esta de Habichuela y su hijo Josemi Carmona, que estaba también en el escenario del Johnny,

viernes, 9 de mayo de 2008

Semana intensa



El lunes me ‘mato’ en el gimnasio, al ritmo de las órdenes de Arturo, que se toma a chufla las dietas y chilla con voz impostada “recordad que hacer todo esto sólo os da derecho a comer 100 gramos de fruta”. También se ha inventado una canción, que canta con tono de marcha militar para infundarnos ánimo y con la que consigue que nos ríamos pese a la 'tortura': “¡A!, con alegría; ‘E’, con entusiasmo; ‘I’, con ilusión…

El martes nos invitan a los periodistas al pase de Carnaval, la obra teatral que protagoniza Nuria González en el teatro del Círculo de Bellas Artes, del autor del Metodo Grönhoml. No acaba de convencerme, entre otros motivos, porque aún tengo reciente el recuerdo del Rey Lear de Juan Mayorga que vi justo antes de Semana Santa en el Teatro Valle-Inclán (están de gira, así que si tenéis oportunidad de verla, no lo dudéis). Entre el público, rostros conocidos, como el del actor Diego Martín (Aquí no hay quién viva, Hermanos y detectives…) y el segundo de Tito Valverde en El Comisario. ¡Pero sobre todo el de Inma Muro, ex compañera de Interviú Digital con la que había perdido el contacto! Tratamos de ponernos al día en los cinco que minutos que restan para que empiece la obra y quedamos para comer la próxima semana.


El miércoles acabo en Casa Parrondo, donde los pinchos que acompañan gratuitamente a las consumiciones son generosos. Está al lado de la plaza de las Descalzas, así que es una buena opción para tomar algo antes o después de ver la exposición de Modigliani en la sede de Caja Madrid. Pero antes conozco a Mariano Turiel, presidente del Casino de Madrid, hombre de la Ilustración, sabio en mil materias, gran conversador… me rindo ante sus conocimientos, su humildad, su coherencia ... y él sonríe ante mi cara de asombro.

El jueves escucho por primera vez en directo el Bolero de Ravel en el Auditorio, junto a otras obras: Ruslan y Luzmila, de Glinka y Sheherezade y Capricho español, de Rimski-Korsanov . ¡Una maravilla! Las notas se deslizan por el salón y nos embelesan.


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Hoy cocino (?¿!!), porque mañana vienen a comer a casa amigos, y después acudiré a un concierto de fusión de jazz y flamenco: nada menos que Dave Holland y Pepe Habichuela.

Seguiré contando, digo...