miércoles 26 de agosto de 2009

Sin ruedas


Lo dimos todo.
Todo lo que llevábamos dentro.
'All of me' era 'all of you'.
Saciamos nuestra pasión, y generamos mucha más, porque teníamos con qué alimentarla.
Saciamos nuestro hambre de besos, y reprodujimos centenares de ellos
Viajamos, bebimos, peleamos
Amamos, vivimos
Recorrimos medio país y un cuarto de otro, y cenamos como reyes

Y ahora que no tenemos ruedas, no sabemos a dónde vamos

lunes 25 de mayo de 2009

Una frase bonita al oído

No soy muy propensa a picar con este formato; sea porque soy fiel a algunos grupos, sea porque en su momento hice que mis padres me compraran un disco simplemente por una canción que repetía insaciablemente mi nombre y descubrí que el resto era infumable, o porque me he aficionado al spotify...

Nunca digas nunca jamás. Pero hubo un estribillo hace casi un año que despertó mi interés porque intuía que si alguien era capaz de dotar de ese tono optimista una historia de tanta nostalgia y desamor, no se había guardado el resto de su creatividad y sensibilidad para el single del siguiente disco.

Y así es. Al “prometo acordarme siempre de aquel raro diciembre” y el “tenía tanto que a veces maldigo mi suerte”, seguían sentencias que constituían grandes temas.

Como aquesta que dice “En la vida, princesita, también hay que aprender a ganar, me dijo un caballero inglés, perdido en Buenos Aires que ahora vive en Madrid” (1) 
La de (2) “Con lo pronto que empezamos a decirnos al oído eres mi vida, mi amor"
Y rematando con la canción entera de “Vivo queriéndolo todo y no tengo nada” (3)

 Las noches del Español. Joyas literarias musicadas que Nena Daconte, acompañados por un cuarteto de cuerda y un trío de viento, han interpretado esta noche en el ‘salón de casa’, en el escenario del Teatro Español, atrezado con una butaca –Mai y su micro- y un sofá de piel -Kim y sus guitarras-  y aderezado por una interesante colección de lámparas de pie.

 Las escuché, con atención, por primera vez, al volante del coche en un viaje de 300 km que realizamos Mai, Kim y yo. El disco sonó tres veces durante el trayecto. Y un par de canciones estuvieron a punto de ‘desintegrarse’ al ser repetidas hasta la saciedad... hasta que logré memorizar la letra y cantarlas a dúo con ellos.

 Hoy lo he hecho en directo, yo desde mi butaca de visibilidad reducida, fila1, platea 3, y ellos, desde el escenario. Pero a cada frase bonita al oído, he sentido lo mismo que en aquel viaje, y la llama se ha reavivado para alumbrar con fuerza, ay, esos 300 km.

jueves 7 de mayo de 2009

El punto medio como clave del equilibrio


Si hubiera sido el guión de una película de tintes románticos, en las que el toque azucarado no mata el sabor principal sino que se convierte en elemento terciario,
él le hubiera susurrado mientras buscaba sus labios “Yo te haré creer”. Pero ni Gertrud salió de su ostracismo emocional en sus últimos años, ni Amelie cejó en su empeño hasta que él completó la gymkhana y logró encontrarla.


Si hubiera sido un libro, el hilo conductor de una historia en apariencia sencilla nos llevaría a plantearnos la esencia del asunto, el quiz de la cuestión... un toque psicológico disfrazado de ingenuidad, pero Renée acaba como acaba porque Muriel Barbery no atrevió a dar ese paso, y Dora se replantea su entrega a la revolución por Kaliayev

Si un compositor hubiera ideado una letra al respecto, no sería una copla, ni un bolero ni cualquier otro tema desgarrador. Tampoco una letra de Pablo MIlanés.

Sería el final de Alta fidelidad.
La mitad de Carta a una desconocida.

miércoles 8 de abril de 2009

Alone, drunk... and happy


Mañana, dentro de unas horas más bien, tengo una reunión para captar futuros clientes, los primeros de un negocio que tiene nombre, logo e ilusiones.




Hoy, hasta hace unos minutos, he disfrutado de una noche de risas, confidencias, alcohol y hasta karaoke! Menos mal que un break en El Capitan sirve para relajar. "Estamos celebrando tu cumple", dice M., y no me resisto a irme.





Cuantos y grandes cambios en un año. (Segunda) celebración sin red, sin temor. Cuando uno está bien con uno mismo, no hay miedo.





FIN de trimestre





M. se va a Asturias; R. a su casa, a Andalucía; E. se quedará mirando a su gato, y yo, tomaré la A-6.





Alone, drunk and happy, me voy a dormir.

jueves 4 de diciembre de 2008

Reconciliación

Me he reconciliado con Paul Auster: acabo de terminar Un hombre en la oscuridad y me ha encantado.
Y con Woody: debo de ser de las pocas personas de mi entorno que reconoce que le ha gustado V.C.B.



Y el vino 'No Phone' con habas.

viernes 5 de septiembre de 2008

Del borsalino a las botas caídas

Yo quería un borsalino, y justo cuando aprendí cómo se llamaban esos pequeños y coquetos sombreros, aparecieron como setas en las tiendas de todo a cien y en los puestos de ferias. Y ante tanta saciedad, desistí de mi idea.

Los sombreros siempre me han llamado poderosamente la atención, y recuerdo que a los 12 o 13 -en ese momento en que deseas ser mayor para vestir de mayor y tu madre se vuelve loca tratando de encontrar ropa adecuada a tu tamaño y ‘su’ estilo-*, empecé a desear uno.

Pero mi progenitora, que pasó por la misma fase en su momento, siempre apostillaba que se trataba de una moda que reaparecía en mi ciudad cada Navidad, y que una vez que se acabaran las fiestas y las “chicas de Madrid se fueran”, me sentiría ridícula llevando sombrero y no me lo pondría nunca. -Obviamente, me imaginaba que en Madrid todas las veinteañeras chic llevaban sombrero en invierno-.
También me planteé la opción de pedir uno por Reyes, y guardarlo para el año siguiente, pero claro, Reyes estaba demasiado cerca del final de las vacaciones, es decir, del fin de la temporada sombreril, y las modas en cuanto a formatos y colores, podrían cambiar…
Incluso llegué a probarme varios, pero no acabé de decidirme...

Me resarcí de mi capricho post-adolescente pocos veranos más tarde, cuando empecé a usar sombreros de paja, estilo panamá principalmente, en la playa y en el campo. Unos de paja, otros de algodón con cinta negra... Los he guardado durante años, y han sobrevivido a varias mudanzas, menos a la última. Y además, este año me ha dado por las pamelas. Cosas de la edad.

Y si el borsalino ha sido el complemento del verano en todo el mundo (no hay famoso que no haya salido retratado con uno), el del invierno prometen ser las botas de 'caña arrugada' (seguro q hay un nombre más glamuroso, pero para entendernos:son más bajas que las habituales, y con un efecto 'caído', como llevábamos los calcetines del uniforme en los 80 para parecer menos niñas buenas)
Las botas en cuestión hicieron su presencia, discretamente, la temporada pasada; recuerdo que una amiga estuvo a punto de pagar un auténtico dineral por unas italianas, pero no quedaba número.

En esta primera semana del mes de septiembre, 'las chicas de Madrid' que apostaron por la pieza estrella con un año de antelación parecen ansiosas por mostrar que ellas se adelantaron a las tendencias, y las lucen, pese a las temperaturas veraniegas, con vestidos y eso sí, sin medias. Ayer, callejeando entre Alonso Martínez y Chueca, me crucé con varias –no todas en versión bota de caña caída, todo hay que decirlo- y hoy, en Chamberí, con otra. Me gusta ese look, pero de momento, prefiero que mis pies sigan libres en sandalias de tiras, que bastante largo es el invierno. Todo se andará.


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*Hoy eso ya no pasa, pero en mi época el fenómeno Inditex estaba despuntando, y no se había democratizado la moda de esa manera: pasábamos de las faldas con camisita a juego a los Levi`s 501.

** Mañana le pongo foto