jueves, 7 de mayo de 2009

El punto medio como clave del equilibrio


Si hubiera sido el guión de una película de tintes románticos, en las que el toque azucarado no mata el sabor principal sino que se convierte en elemento terciario,
él le hubiera susurrado mientras buscaba sus labios “Yo te haré creer”. Pero ni Gertrud salió de su ostracismo emocional en sus últimos años, ni Amelie cejó en su empeño hasta que él completó la gymkhana y logró encontrarla.


Si hubiera sido un libro, el hilo conductor de una historia en apariencia sencilla nos llevaría a plantearnos la esencia del asunto, el quiz de la cuestión... un toque psicológico disfrazado de ingenuidad, pero Renée acaba como acaba porque Muriel Barbery no atrevió a dar ese paso, y Dora se replantea su entrega a la revolución por Kaliayev

Si un compositor hubiera ideado una letra al respecto, no sería una copla, ni un bolero ni cualquier otro tema desgarrador. Tampoco una letra de Pablo MIlanés.

Sería el final de Alta fidelidad.
La mitad de Carta a una desconocida.

miércoles, 8 de abril de 2009

Alone, drunk... and happy


Mañana, dentro de unas horas más bien, tengo una reunión para captar futuros clientes, los primeros de un negocio que tiene nombre, logo e ilusiones.




Hoy, hasta hace unos minutos, he disfrutado de una noche de risas, confidencias, alcohol y hasta karaoke! Menos mal que un break en El Capitan sirve para relajar. "Estamos celebrando tu cumple", dice M., y no me resisto a irme.





Cuantos y grandes cambios en un año. (Segunda) celebración sin red, sin temor. Cuando uno está bien con uno mismo, no hay miedo.





FIN de trimestre





M. se va a Asturias; R. a su casa, a Andalucía; E. se quedará mirando a su gato, y yo, tomaré la A-6.





Alone, drunk and happy, me voy a dormir.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Reconciliación

Me he reconciliado con Paul Auster: acabo de terminar Un hombre en la oscuridad y me ha encantado.
Y con Woody: debo de ser de las pocas personas de mi entorno que reconoce que le ha gustado V.C.B.



Y el vino 'No Phone' con habas.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Del borsalino a las botas caídas

Yo quería un borsalino, y justo cuando aprendí cómo se llamaban esos pequeños y coquetos sombreros, aparecieron como setas en las tiendas de todo a cien y en los puestos de ferias. Y ante tanta saciedad, desistí de mi idea.

Los sombreros siempre me han llamado poderosamente la atención, y recuerdo que a los 12 o 13 -en ese momento en que deseas ser mayor para vestir de mayor y tu madre se vuelve loca tratando de encontrar ropa adecuada a tu tamaño y ‘su’ estilo-*, empecé a desear uno.

Pero mi progenitora, que pasó por la misma fase en su momento, siempre apostillaba que se trataba de una moda que reaparecía en mi ciudad cada Navidad, y que una vez que se acabaran las fiestas y las “chicas de Madrid se fueran”, me sentiría ridícula llevando sombrero y no me lo pondría nunca. -Obviamente, me imaginaba que en Madrid todas las veinteañeras chic llevaban sombrero en invierno-.
También me planteé la opción de pedir uno por Reyes, y guardarlo para el año siguiente, pero claro, Reyes estaba demasiado cerca del final de las vacaciones, es decir, del fin de la temporada sombreril, y las modas en cuanto a formatos y colores, podrían cambiar…
Incluso llegué a probarme varios, pero no acabé de decidirme...

Me resarcí de mi capricho post-adolescente pocos veranos más tarde, cuando empecé a usar sombreros de paja, estilo panamá principalmente, en la playa y en el campo. Unos de paja, otros de algodón con cinta negra... Los he guardado durante años, y han sobrevivido a varias mudanzas, menos a la última. Y además, este año me ha dado por las pamelas. Cosas de la edad.

Y si el borsalino ha sido el complemento del verano en todo el mundo (no hay famoso que no haya salido retratado con uno), el del invierno prometen ser las botas de 'caña arrugada' (seguro q hay un nombre más glamuroso, pero para entendernos:son más bajas que las habituales, y con un efecto 'caído', como llevábamos los calcetines del uniforme en los 80 para parecer menos niñas buenas)
Las botas en cuestión hicieron su presencia, discretamente, la temporada pasada; recuerdo que una amiga estuvo a punto de pagar un auténtico dineral por unas italianas, pero no quedaba número.

En esta primera semana del mes de septiembre, 'las chicas de Madrid' que apostaron por la pieza estrella con un año de antelación parecen ansiosas por mostrar que ellas se adelantaron a las tendencias, y las lucen, pese a las temperaturas veraniegas, con vestidos y eso sí, sin medias. Ayer, callejeando entre Alonso Martínez y Chueca, me crucé con varias –no todas en versión bota de caña caída, todo hay que decirlo- y hoy, en Chamberí, con otra. Me gusta ese look, pero de momento, prefiero que mis pies sigan libres en sandalias de tiras, que bastante largo es el invierno. Todo se andará.


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*Hoy eso ya no pasa, pero en mi época el fenómeno Inditex estaba despuntando, y no se había democratizado la moda de esa manera: pasábamos de las faldas con camisita a juego a los Levi`s 501.

** Mañana le pongo foto

sábado, 12 de julio de 2008


“Tengo que hacerme los pies; vayamos antes de los cócteles y pasamos una tarde Sex and the city".
Ok, ¿por qué no?. Lo que es necesario, es necesario, e ir una semana a la Riviera Maya con pulserita 'todo incluido' no me compensa tanto como estos pequeños placeres cotidianos.

Le soy infiel a Mónica por primera vez en años y me adentro en Alicie in Wonderland.
Confío mis pies a Rebeca, que da forma con mimo a mis uñas, masaje con destreza, y alaba sorprendida la ausencia de durezas, y disfruto del entorno vintage tan de moda en los locales de Madrid.

Llega M, y -¡oh, la, la!-, conoce a la dueña, porque ambas trabajaron años atrás en la misma agencia.
Aprovecho para soltar mi arsenal de preguntas, porque, qué narices, soy periodista, algo cotilla, y siempre me ha fascinado lo de la iniciativa para montar negocios.
Carolina nos acaba haciendo 'precio de clientas', aceptando nuestra propuesta de crear un grupo en Facebook ‘I love Alice in wonderland’, y no se viene de cócteles porque no insistimos.

De camino al de Diego , paramos en el Mercado de la Reina , y los consejos sobre el vino tardan en llegar, pero la tortilla merece la pena y el camarero, que se queda con mi nombre, nos recomienda queso con cebolla confitada. Espectacular.
Empieza el turno de confesiones, y uno de esos momentos en los que te sientes a gusto. Con todo: contigo, con la conversación, con quien estás y con quien responde al sms.
Ni Carrie ni leches, dos tipas de 32 poniendo positivos a sus respectivas vidas después de casi un año de incertidumbre. ¿Tipos guapos al acecho? Ni nos fijamos.


El de Diego me sorprende porque esperaba más, pero a la vez es acogedor.
María Barranco con amigos, cócteles estupendos, música a nivel adecuado para charlar, y de repente, una aparición: Nacho Vegas solo, colocado y perdido.
El hombre que casi conoció a Michi Panero sorprende por su lamentable estado, y en medio de la conversación surgen sentencias de sus canciones.

No aparecen la Rosenvinge ni Bunbury para copear con el gijonés.
Posa su mirada en nuestra mesa, pero no se acerca.
Desaparece cuando el bar se llena, y pedimos el tercer coctel.
María Barranco despliega exaltación de la amistad tarjeta en mano, y nosotras brindamos por la vida.
Nos retiramos a tiempo. Felices y borrachas.

Y para rematar,al llegar a casa,me encuentro en mi correo dos canciones maravillosas.(Gracias, G.)

martes, 8 de julio de 2008

No me gusta dormir con nadie

M. me insta a que escriba una entrada con este título, y yo que soy de natural desobediente, le hago caso.
Porque sí.
Porque gracias a ella y a sus apuntes, pasé del O al 7; de odiar la comunicación corporativa a entenderla en una noche.
Porque M. fue lista y se pasó del periodismo a la publicidad; y del frío, al rock.
Y no digo más.

No me gusta dormir con nadie.
Se lo trato de explicar a mi perro cuando se empeña en subir a mi cama y hacerse un ovillo –¡30 kilos de ovillo!– apoyando su cabeza en mis rodillas.
Le cuento una vieja historia, de la primera vez que compartí cama, y cuando paro de hablar, baja la mirada, y vuelve a depositar su peso sobre mis piernas…
Çest la vie. Se hace querer el muy tirano.





La historia comienza en la post-adolescencia. Tres parejas en una casa del Campo Charro, camas de 1,10, y tres caras femeninas llenas de romanticismo a la mañana siguiente.
Sí, sólo romanticismo.
Suspiros de amor por los pasillos... hasta llegar a la cocina donde ellos esperan con rostros de menos amigos: no han pegado ojo; por nuestra culpa, por nuestra dichosa posición fetal.
Ellos, acostumbrados a sus camas de 90, topando a cada vuelta con "nosotras".
Fin del romanticismo –¡malditos capullos!–. Manía contagiada. Nunca más; dos de 90 o una de 2 metros.

Podría enumerar casos de parejas capaces de compartir lechos de 90. Una, durante más de un año; se rompió la relación, pero aseguran que lo de jugar al tetris por la noche no fue la causa.
Pero no es el caso.
Ni con hermanas, ni con amigas. Prefiero dormir en el suelo, o dar lugar a equívocos al optar por compartir habitación de dos camas con un amigo a cama con una amiga ( ¡Qué caras tuve que ver a la mañana siguiente!..)

Y de repente, te encuentras diciendo la frase de marras, la que da pie al post, la del título .... pero dejando una puerta abierta a compartir vueltas y posición fetal.

(Y a cada vuelta, un beso).